miércoles, 31 de marzo de 2010
Religion
- But, Sunday is a hollyday, right? A Holly Day
- Yeah, Suni. But I'm not a catholic
- But... but, you brought Easter Eggs for everybody
_ Suni, let's see if we understand each other... Chocolate is my religion
jueves, 11 de junio de 2009
Conversaciones gallegas
Paseando por la “Madre Patria” allá en el viejo continente, me puse a pensar acerca de nuestra costumbre de tachar de gallego a cualquier habitante de España, sin discriminar entre vascos, catalanes, castellanos, aragoneses, etc. A ellos sí que les molesta. Tanto, supongo yo, como si se llamara guaraníes a todos los pueblos originarios del país: mapuches, onas, quilmes, comechigones…
Después de escuchar a varios españoles explicarme que ellos no son gallegos, sino madrileños, catalanes, aragoneses, castellanos, etc.; ya casi estaba convencida de que nuestro indiscriminado uso del término gallego como adjetivo era barbárico, ignorante, degradante, decadente…
Sin embargo, viajando en un bus Barcelona – Zaragoza (de Cataluña a Aragón, sin pasar ni por asomo por Galicia) me convencí de que ser gallego es una forma de vivir ampliamente distribuida en España.
Pero ojo, no gallego como original de Galicia. He de decir, que “gallego” ha dejado de ser un gentilicio para la cultura popular argentina. Así como la palabra mate denomina una bebida, una planta, y un recipiente, la palabra gallego, denomina una forma de vida, de pensar, de actuar y de razonar…
Zara, una muchacha muy “guapa”; pelo corto, ojos claros, tres lunares, sonrisa fácil; sube al “autobuz” con un grupo de ocho personas, vestidos de turista y siempre con un grito atorado en la garganta que parece no pueden evitar sacarlo a colación. Ellos tienen los asientos 11 al 19; desgraciadamente, yo tengo el 14...
– ¿Estamos todos? – pregunta Zara.
– Pues tío – contesta un gordito en remera roja – no lo sé. Yo sí estoy.
– Uno, dos, tres… – Zara empieza a contar como si coordinara un jardín de infantes o una colonia de vacaciones
– ¡Oye Zara! – interrumpe una mujer bajita, pelo rubio de pomo y los anteojos más feos que jamás he visto en la más perfecta sintonía con su remera marrón adornada con brillitos amarillos
– … cuatro. ¿Sí? – Zara la mira con una sonrisa que no se ha borrado de su cara desde que subió al micro
– ¿Crees que pasen una película?
– Pues, claro, tía! Para eso es esa pantalla. – Y empieza a contar de nuevo. – Uno, dos, tres…
– ¡Buenas! – saluda al grito un hombre relativamente alto, anteojos de sol de metrosexual y su remera de rugby abultando sobre su robusto cuerpo (aunque no precisamente de músculos).
– ¡Eh! – se escucha el grito colectivo de la gente viajando a mi alrededor. Por un minuto flaseé que todo el colectivo viajaba bajo la coordinación de Zara
– Al fin “haz llegao”, Javier – le sonríe Zara.
Javier barre con la mirada el grupo; me mira, detectando una intrusa, su mirada se detiene apreciativamente sobre mi pecho (¡Maldito calor que me obligó a ponerme una remera escotada!) y luego me mira a los ojos. Sonríe. El efecto no es muy halagador, es feo como el demonio y demasiado viejo para mí (o arruinado de mucha joda, ¿quién sabe?). Lo miro con mi mejor cara de “No estoy interesada, no me jodas, ni se te ocurra, dejá de mirarme las tetas” y vuelvo a concentrar mi atención en la televisión, que anuncia que la película del día será “Arturo y los minimoys”. Javier parece captar el mensaje y desvía su atención a Zara, quien ya parece acostumbrada a sus avances.
– Disculpen la demora, amigos – Javier sonríe de lado – me he entretenido en casa. – Dice, dando a entender que ha estado entretenido por una mujer. Dada la cantidad de mal disimuladas risas y ojos en blanco, asumo que nadie le cree.
– ¿Ya han llegado todos? – pregunta Javier una vez ubicado en su asiento
– Pues no lo sé, tío. Aún no he terminado de contar. Uno, dos, tres…
– ¡Joder, tío! – salta uno más atrás. Es definitivamente el más robusto. Debe entrenar a base de aceite de oliva, manteca y chocolate para ganarle a sus compañeros – Espero que pasen una buena película. ¿Tu crees que pasen una buena película, tío? – le pregunta al de la remera roja.
– Bueno, pues no sé si será buena, tío, pero ahí pone que darán “Arturo y los minimoys”.
– Ah, pues ya la he visto. Es una película muy guapa.
– ¿Es de ordenadores, no? – pregunta Javier, sonando enterado
– No, tío. Es de gnomos y tal
– Bueno, ya. Pero está hecha de ordenador, ¿no?
– Pues es de dibujos. Son unos dibujos muy guapos.
– ¿Y cómo están hechos los dibujos?
– Pues con ordenador, hombre. ¿Qué más?
– Estamos todos – sonríe Zara, quien al parecer a terminado de contar a sus discípulos. Un poco tarde dado que el micro hace un rato que está andando. – Ahora prestadme atención, por favor, les voy a pasar una hoja. Es un permiso que necesita el club para asesorarles en su imagen. – Eso explica varias cosas… – Si queréis que les podamos asesorar utilizando fotos deben autorizarnos a utilizar fotos. Aquí, en el contrato, deben firmar, poner su nombre, la flecha e indicar si autorizan o no la utilización de fotografías de vosotros. – Increíble como Zara puede dar una explicación tan larga y aburrida sin dejar de sonreír.
– ¿Qué es esto? – pregunta la rubia cuando le dan el papel
Oh. Por. Dios
– Es un contrato, guapa – contesta una pelirroja, tan natural como la rubia, entrando en la conversación. – Zarita la necesita para poder hacernos fotos.
– Ah! Claro – contesta la rubia
– ¡Qué este contrato está mal! ¡Hombre, joder! – dice Javier, con cara de entendido en contrato legal.
La sonrisa de Zara amenaza con desaparecer, pero no lo hace.
– ¿Qué dices, Javier? ¿Por qué?
– Está mal el código postal, pues. Aquí
– Ay, hombre! Tendremos que retar a Nestor, pues. – Contesta Zara tratando de disimular el tono de lo que supongo implica un sarcástico “que horror más garrafal”.
– ¿Qué hacemos con este papel, entonces? – pregunta Javier.
– Pues lo firmas, le pones tu nombre y la fecha y marcar aquí si autorizas o no el uso de las fotografías.
– Toma Zarita – una mujer más joven con el pelo atado y el maquillaje mal aplicado le entrega a Zara lo que parecen ser algunos contratos ya firmados.
– A mi no me “haz dao”, Zarita. – Dice la pelirroja desde atrás.
– Disculpa, toma – dice Zara mientras le entrega un papel y toma otro que le entrega la rubia. – Lo firmas, le pones tu nombre y la fecha y si autorizas o no, ¿vale, Nuria?
– Vale – asiente la rubia.
– Oye, Zarita – interviene la rubia nuevamente – ¿había que firmar?
Oh. Por. Dios
– Sí, Martita.
– Oh! Que yo no he “firmao”, sólo he puesto el nombre.
– Zara no contesta, pero le devuelve la hoja con su característica sonrisa.
– ¿Queréis? – dice el grandote pasando un paquete azul con la palabra Mentos en el costado.
El de remera roja mira el paquete como si le estuvieran convidando una sombrilla para el almuerzo.
– ¿Qué son?
– Hombre, son mentos
– ¿Son caramelos?
– Sí, pero son pastillas
– Vale, ¿tu quieres, Zara?
– ¿Qué cosa?
– Mentos, son como caramelos, pero son pastillas
– Vale, gracias
– ¡¡Joder, hombre!! – Grita el de remera roja cuando se pone las pastillas en la boca – ¡¡Son de menta!!
Oh. Por. Dios.
El de remera roja, un poco resentido con Javier por no avisar que los Mentos eran de menta, empieza a acariciar suavemente el brazo de la rubia, pasando sus dedos por la carne del hueco en la articulación del codo hacia arriba, pasando sus yemas por la grasita que cuelga en la parte superior y amenazando con hacerle cosquillas en la axila.
Martita suspira y cierra sus ojos, como entregada a la máxima sensualidad existente, cerrando sus sentidos a los gritos que la rodean.
La imagen de la tele cambia, pero no hay sonido. Me sorprendo, eso no pasa en Argentina, lo más normal es que en una película mala pasen el sonido a todo volumen, y en una buena, lo suficientemente alto como para que te moleste si no le das bola, pero lo suficientemente bajito como para no escuchar los diálogos. Sin embargo, inmediatamente detecto un dispositivo para enchufar auriculares. “Mierda”, pienso mientras imágenes de la indecente cantidad de auriculares que nos regalaron en el viaje anterior y que ahora descansan en la cómoda de la habitación de mi casa en Mardel pasan por mi mente. Imposible distraerse con Arturo en este viaje. (Por más de que el televisor está cerca, ni atino a esperar que pasen la película subtitulada, no se olviden que estamos en España)
– Joder, tío. Ya ha “empezao” la película.
– No, todavía no; sólo es publicidad
– No se oye nada
– Pues ya le pondrán sonido cuando empiece la película
– Ya verán que es una película muy guapa. Aparece una princesita que es muy mona. – Acota el grandote por si alguno de sus compañeros no se había enterado de que ya la había visto
– Oye, no se escucha la película
Oh. Por. Dios.
– ¿Le subirán el volumen?
– Por ahí se ha roto
– ¿Cómo hacemos para escuchar la película? – pregunta la chica más joven al chofer que está relativamente cerca de ella
– Pues pides los cascos en boletería
– Hay que pedir los cascos en boletería – repite la chica como si el vozarrón del chofer no fuera lo suficientemente fuerte como para hacerse escuchar en todo el colectivo.
Como no veo la utilidad de cascos en este caso, asumo que hablan de auriculares.
– ¡Oye, Zara! No hemos pedido los cascos
– Oh! – dice Zara – ¿Nadie tiene una radio o unos auriculares?
Oh. Por. Dios
– No. Tenemos que pedirlos a la vuelta
– Mira, mira – dice el grandote señalando la pantalla a nadie en particular – Aquí es donde Arturo baja al mundo de los minimoys. Os dije que era una película muy guapa.
– ¿Tenés cascos, Carlos? – le pregunta la rubia mientras el de remera roja la sigue acariciando
– No, Martita. Es que ya la he visto
– ¿Qué has visto?
– La peli. Mira, esa es la princesa. ¿Verdad que es muy majita?
– Hmmm – responde la rubia cuando la mano del flaco en remera roja se acerca peligrosamente a su escote
Oh. Por. Dios.
– ¡Joder, hombre! Esperen a llegar – ríe Javier por lo bajo. Ninguno de los dos parece escuchar el dejo de celos en su voz.
– ¿Creéis que tengan tele en el hotel? – pregunta la rubia desconcertando momentáneamente al que la acaricia. – Si tienen tele, esta noche miraré “Rambo”.
WHATS!!!???
– Ja – dice el de remera roja, bajito, al de al lado – esta noche Rambo voy a ser yo. Martita mañana no sabrá ni su nombre.
Javier mira a Martita, los celos en su cara más claros que el agua. No celos por ella, asumo, sino por lo que representa. Me pregunto cuánto hace que Javier no la pone.
– ¡Oye, Zarita! ¿Falta mucho?
– Pues creo que sí, Nuria. Recién hemos “salío”.
Oh. Por. Dios.
– Oye, Zarita
– ¿Sí, Rubén?
– ¿Qué hago con este papel? ¡¿Y por qué no se escucha la película?!
OH. POR. DIOS…
Lo lamento si lastimo susceptibilidades, pero ¡Dios mío! Qué gallegada… Me pregunto si podré cambiarme de lugar…
martes, 12 de mayo de 2009
¿Amenas? interrumpciones
Con ustedes... ¡ANDREA!
Siempre hay gente muy colgada que te interrumpe cuando estas en medio de un discurso o en una charla cuando contás una historia, pero se pueden clasificar de dos maneras:
El molesto que te interrumpe en la mejor parte, preguntando una cosa que estabas a punto de decir:
– … y este tipo nos chocó de atrás mientras estábamos en los despertadores; y bueno, él iba a 130 km/h , y nosotros a 80 km/h. Teníamos un cagaso que ni te imaginas, y algunos se quejaban por algunos dolores que tenían…
– ¡¿PERO QUE PASO?! No los llevaron al hospital?
– (algo molesta) estaba a punto de explicarlo ahora,
– Esta muy mal interrumpir che, hay que dejarla terminar
– mmams NA pitota, no digo nada mas
El que no te importa lo que diga al interrumpirte, ya que te hace reír un rato:
– Y nos fuimos a un banco para tratar de charlas sobre lo que sucedió, estábamos incómodos para…
– ¿Cómo era el banco?
Algunas veces me molesta mucho cuando mi padre me interrumpe en medio de una anécdota, pero cuando me interrumpe mi prima, es muy gracioso, y nos da un ataque de alegría y risas en familia. Ahora le toca a la “hermanita” escribir una de las amenas conversaciones que tubo mi hermana mayor.
Te quiero mucho Anita.
jueves, 4 de septiembre de 2008
Ameniedades
Cuestión, venía yo con una cara de felicidad increíble porque tenía mi tesis en la mochila, porque ya no tenía que seguir estando despierta hasta las cinco de la mañana chamuyando boludeces, ni inventando condiciones de experimentación, ni explicando resultados inexplicables cuando un señor que tendría unos 60 años, se sienta a mi lado en el subte…
Con lo que el señor debe haber pensado, ah, tiene 18… porque dijo
S – Es que tenés cara de nena
A – Y sí...
sábado, 2 de agosto de 2008
Dulce comida familiar
Mamá – ¿Qué quieren comer?
Yo – Yo quiero arroz, con cebolla, como hacés vos.
Mamá – No, eso a la noche
Yo – ¿Para qué me preguntás, entonces, qué quiero comer?
Mamá – Para qué me digas… dale, ¿Qué querés comer? Que no sea arroz. Voy a hacer ensalada de tomate y lechuga. Un poco de zanahoria, y abro una lata de pototas…
Yo – Pero, Ma… Bueno, ¿entre que puedo elegir, entonces…?
Papá – Hoy toca pollo o pescado
Yo – Bueno, ustedes coman carne, yo quiero milanesa de soja. Lucía seguro que tiene.
Mamá – No, vas a comer pescado porque seguro que hace un montón que no comés.
Yo – Mamáaaaaa, yo quiero milanesa de soja, no me preguntes que vamos a comer si al final vas a hacer lo que vos querés.
Mamá – Bueno, puse pescado como para un batallón, en un rato van a estar. Lu, ¿vos que vas a comer?
Lu – ¿Qué hay?
Mamá – Pescado. ¿Querés milanesas de soja?
¿Me están jodiendo?
Lu – Ehhh, y sí. Tengo mucho hambre…
Mamá – Bueno, la pongo cuando estén los pescados porque lleva menos tiempo.
…
Mamá – ¡¡¡YA ESTÁ LA COMIDA!!! ¡¡¡VENGAN A COMEEEEER!!!
Yo – Bueno, como pescado. Pero después no me digas que no hay más, como todo el pescado que quiero.
Mamá – Acá está tu pescado; Marcelo, está tu sopa; Lu, tu hamburguesa.
Papá – Gracias.
Lu – ¿Vamos a apagar la tele? ¿Dónde esta la nona? ¿Hamburguesa? ¡Yo quería milanesas!
Papá – Ya termina
Yo – La nona se fue a acostar, estaba muy cansada.
Mamá – ¿Milanesas? Bueno, te hice una hamburguesa es lo mismo
Lu – ¿Una sola hamburguesa?
Mamá – Y sí. Qué pretendés, ¿dos?
Lu – ¿Vos te conformarías con una hamburguesa?
Mamá – Yo siempre me conformo con una, y a veces con nada, porque Elvira hace comida para dos en una casa de cinco y yo siempre llego tarde
Lu – Ufa, ¿vas a apagar, Papá?
Papá – Si, ya termina
Yo – No puedo comer este pescado. Tiene azúcar.
Mamá – Ana no digas boludeces, ¿cómo va a tener azúcar?
Yo – Sí, Ma. Vas a ver, probalo, tiene azucar.
Mamá – El mío no tiene azúcar
Yo – Esto es incomible, no puedo comer esto.
Mamá – Anita, pero que no tiene azúcar te digo
Andre – ¿A ver? El mío también tiene azúcar
Lu – ¿Qué estás viendo, pa? ¿Cuándo termina?
Papá – TE DIJE QUE YA TERMINA! No te desubiques por favor
Mamá – En realidad, Marcelo, Lucía tiene razón siempre comemos sin tele
Papá – ¿Qué querés? ¿QUERÉS QUE NO VEA EL FINAL? ¿ESO QUERÉS?
Andre – …
Yo – …
Lu – …
Mamá – …
Papá – DECILO, DALE. ¿ESO QUERÉS?
Mamá – ¿QUERÉS QUE DIGA QUE NO QUIERO QUE VEAS EL FINAL? NO LO VOY A DECIR.
Papá – Bueno, entonces dejenme ver tranquilo el final...
Mamá – Ana, ¿por qué no comés?
Yo – Porque el pescado esta asqueroso, tiene azúcar...
Mamá – Que no puede ser...
Yo – Mirá, probá el mío
Mamá – Es verdad. ¿Cómo puede ser? ¿Le pusiste azúcar? Comete el mío, tomá
Yo – El tuyo también tiene gusto a azúcar, no tan fuerte pero está ahí
Papá – (Mientras condimenta el pescado) ¿Qué puede ser?
Yo – ¿Te lo vas a comer?
Papá – Y sí, que le voy a ser, no es para tanto tampoco…
WHAT’S????
Yo – Los habrá preparado Elvira con azúcar
Mamá – Nooo, no va ser tan tarada
Papá – Además, el otro día comimos el resto del pescado y estaba bien
Lu – ¿Puede ser que mi hamburguesa también tenga azúcar?
Papá – Entonces es de la fuente.
Andre – ¿Me puedo terminar las pototas?
Mamá – Yo todavía no las empecé, pero bueno, comelas. Abrimos otra lata. Yo preparo más tomate.
Lu – Yo tengo hambre, todavía. Y eso que me comí mi hamburguesa con azúcar.
Mamá – ¿Querés una milanesa de soja?
Lu – No
Yo – Yo sí
Lu – Pero son mías
Yo – Pero yo tengo hambre también.
Lu – Bueno
Mamá – Te hago una, Ana
Lu – Hacele dos
Andre – Yo también quiero, me gustan
Mamá – No Andre a vos te hago una hamburguesa
Andre – ¿De soja?
Mamá – De carne
Lu – Papá, hace 45 minutos que iba a terminar eso
Papá – Y bueno, es que le ponen propaganda, ¿qué querés que le haga?, no es mi culpa que sean tan largas
Lu – Bueno, pero podrías fijarte en la revista cuando la repiten.
Papá – La dieron ayer, y no la vi porque estaba viendo otra cosa.
Lu – Vos ves demasiada televisión
Papá – ¿Qué?
Lu – Sí. Lei que una persona promedio mira cuatro horas de televisión por día, y vos cumplís toda la cuota y perdés tiempo que podrías usar en otra cosa y encima después te quejás de que estás cansado.
Mamá – Ya sé que pasó con el pescado. ¡Qué boluda!
Yo – ¿Qué pasó?
Mamá – Qué esto no es aceite
Lu – ¡¡¡Es edulcorante!!! ¡¡¡Qué asco!!!
Papá – ¿Qué pasó?
Mamá – Que me dí cuenta recién que le puse edulcorante en vez de aceite a la asadera, ¿cómo me voy a confundir así? Las consistencias son diferentes, ¿cómo no me di cuenta?
Papá – ¿Le pusiste mucho?
Mamá – Y… como para pintar toda la asadera ¿qué te parece?
Papá – Bggg
Lu – Tengo hambre...
Yo – Comete una de las milanesas de soja
Lu – Si mamá puso una sola…
Yo – ¿No puso dos?
Lu – No, yo le dije que pusiera dos y ella dijo que no
Mamá – Primero, no dije nada; y segundo, puse dos...
Lu – Pero una tiene edulcorante, ¡qué asco!
Mamá – Noooo, la lavé. Tomen, chicas, coman Milanesa de soja...
Lu – Que fea…
Yo – Es de pollo
Mamá – ¿Cómo va a ser de pollo?
Yo – Tiene gusto a pollo
Lu – Y re parece de pollo
Mamá – La caja dice milanesa de soja
Yo – Ah, es verdad, no es de pollo, sólo parece
Lu – Tiene mucho rebozado, es por eso, que feo
Yo – Bueno, damela. Yo me la como.
Lu – ¡No! Tengo hambre
Mamá – ¿No terminó la película todavía?
Nona – Buenas
Papá – NO
Nona – ¿Y el pescado?
Lu – Tomá Anita, no quiero más milanesa de soja…
En fin, nada como un viajecito a casa para conseguir material fresco para el blog
martes, 17 de junio de 2008
Finalidades
– ¿En serio, Anita?
– Ajá...
– ¿Con qué materia?
– Biotecnología y Sociedad.
– ¿En qué aula?
– En la 42
– ¿A qué hora?
– Y, el enchastre será tipo 7 y media, 8...
– ¿Y después?
– Después voy a llevar comida, ahí enfrente del área, para festejar.
– Ay, que lindo... ¿y cómo te sentís?
(nerviosa, ansiosa, cansada, feliz, impaciente, loca, molestosa, preocupada, indiferente, agotada, perturbada, angustiada, libre, tensa, triste, inmerecedora, perpleja, radiante, alterada, frenética, fastidiada, contenta, impasible, acongojada, anhelante, vacilante, fluctuante, alegre, indecisa)
– Igual...
Y sí gente, me recibo el jueves, igual el título de Lic. en Biotecnología lo pediré cuando termine mi tesis no obligatoria...
domingo, 25 de mayo de 2008
Que acompañantes evitar cuando ves una película en tu casa
El que se pierde y te pregunta todo
– ¿Qué le dijo?
– Que va a volver más tarde
– ¿Y por qué?
– Porque se va con el amante, ¿te acordás?
– Ahh, sí. Cierto. Pero, ¿no era para el día anterior eso?
– No, eso fue la otra escena, que relataba la historia de la madre, esta es la historia actual, son dos historias, la de la madre y la de la hija. ¿Te acordás?
– Ahh, cierto. Es que cómo es la misma actriz, se me confunden.
– Mamá, lo que está en blanco y negro pasa en el pasado
– Ahh, claro. ¿Y ahora qué le dijo?
El que ya la vio
– Mirá esta parte, es genial. El director es un genio, con esta escena te cuenta toda la película.
– Pero es una escena.
– Sí, pero ahí vez, cuando levanta esa ramita. Ahí te dice que se va a morir en un bosque
– ¿Se muere?
– Y sí, nena. ¿No te das cuenta? Te lo dice en esta escena. Ahí, que se cae. ¿Ves? Ahí te dijo todo.
– Claaaaaro.
– Cuando la veas de nuevo, vas a entender, estas películas tenés que verlas varias veces para entender cada escena. Ahhh, no. Mirá esto!!! Esta es la parte que le declara su amor a la chica, escucha lo que le dice, porque es re importante, si no no vas a entender el final.
– Bueno, está bien… ¿Eso es lo importante? ¿Que la seguiría al otro mundo?
– No, eso no, cuando le dice… ahora viene, escuchá… (repite sobre la película) “ Ellos nunca comprenderán”. Esta película es una obra de arte, prestá atención porque es imperdible. Nooo, la parte que viene ahora es la mejor de todas, cuando él recuerda la guerra, fijate que…
El que no entiende que esta pasando y te pregunta todo sin recordar que vos estás viendo lo mismo que él.
– Pero, no entiendo. ¿Por qué se va en avión?
– No sé
– ¿Y esos tipos vestidos de negro quiénes son?
– No sé
– ¿Esos bichos azules de dónde salieron?
– No sé
– ¿Y esa quién es?
– No sé
– ¿Por qué está abriendo la valija, que está buscando?
– No sé
– Perá un cacho, ¿dónde dejó la pistola que tenía en la mano?
– No sé
– ¿Para qué quiere el cuchillo si tenía la pistola?
– No sé
– ¿A donde va ahora?
– No sé
– No entiendo nada de esta película
– ¿Y si la mirás en vez de preguntarme todo lo que pasa?
– Ay, bueno. Perdoná… ¿Por qué tira el chocolate y se queda con la cubierta metálica? ¿Va a hacer una bomba?
– No sé
– Pero, no puede hacer una bomba. ¿De dónde va a sacar los explosivos?
– No sé
– ¿Y ahora qué hace?
El que la agarró empezada
– ¿Qué están viendo?
– Una película
– ¿Qué película?
– Esta
– ¿De qué se trata?
– De unas personas, dejame ver la pelí por favor
– ¿Y ese quién es?
– El protagonista
– Ah, ¿es abogado?
– No, no es abogado, ¿podemos ver la película?
– Es que parece abogado, que se yo. ¿Por qué anda con un maletín?
– Porque sí, tiene cosas que llevar de un lado a otro. Si vas a ver la película sentate y callate, por favor.
– Bueno, que carácter. ¿Y esa quién es?
– La chica
– ¿Es la novia del abogado?
– ¡¡¡No es abogado!!! Esa es la vecina que esta enamorada de él, pero piensa que el está casado
– ¿Por?
– PORQUE SÍ
– ¿Por qué está tan apurado? ¿Llega tarde a la corte?
– Sí, papá. El abogado llega tarde a la corte, sí…
martes, 15 de abril de 2008
Cualquier semejanza con la realidad (no) es pura coincidencia
Cosme y Fulanita son una pareja. Viven juntos desde hace unos años. Tienen una amiga, Almendra, que usualmente los visita.
Cosme y Fulanita tienen muchas costumbres, entre ellas, la de hablar “cariñosamente” entre ellos de forma bastante periódica. Almendra, a quien conozco personalmente y es asidua lectora de este (des)prestigioso blog, me ha comentado varias conversaciones que ha escuchado entre Cosme y Fulanita a lo largo de su amistad. Algunas me han resultado muy graciosas y he decidido publicar algunas conversaciones de Cosme y Fulanita, siempre y cuando Almendra pueda pasármelas. He aquí la primera, tal cual me la pasó ella. No sé cuantas podré publicar sobre esta graciosa pareja, porque Almendra está muy ocupada y no se le hace fácil escribir las conversaciones para pasármelas. Pero bueno, se hace lo que se puede... (Almendra, todo bien con vos igual, ¿eh?)
Aclaración: todos los apelativos amorosos deben leerse con intención sarcástica.
– Mi amor, sacá la cabeza de la máquina dos segundos y saludá. Tenemos visita.
– Hola, Almendra. ¿Cómo andás?
– Bien, Cosme ¿y vos?
– Bien.
– Estuvo todo el día así, ¿a vos te parece, Almendra? No suelta a la amante ni de casualidad. No es que no lavé los platos, es que cociné yo y los platos le tocaban lavarlos a él.
– Ay! Fulanita, no tenés que disculparte, por favor. Es tu casa, a mí no me molesta que estén los platos sin lavar.
– No, bueno, pero a mí sí. Te dije que los lavaras, bebé. Y no soltaste la “noutbuk” desde el almuerzo…
– Sí, mi amor después los lavo.
– ¿Ves? Siempre dice lo mismo y nunca los lava…
– (Me mirá con sonrisa de niño que siempre se sale con la suya) Je.
– (Suspira) ¿Tomamos un té? ¿Querés, Almendra?
– Dale.
– Cosme, mi amor, ¿Querés té vos también?
– Sí, pero ponele té rojo y negro. Más rojo que negro
– (Me mira con cara de impaciencia) Ya sé. Ya me lo dijiste mil veces, ya entendí…
– Bueno, pero la otra vez no te dije y te olvidaste…
– Mentira!!! ¿Cuándo me olvidé? ¡Si siempre te hago el té como vos decís!
– (Me mira con cara de impaciencia) Siempre es primero “¡¡¡Mentira!!!”. Después cuando yo tengo razón, no me dice “Ay, cierto tenías razón”. Almendra estaba. ¿O no Almendra, que se olvidó y quedó raro el té? Y también te olvidaste, la vez que hiciste café, de ponerle más porque cambiaste la marca y te quedó aguado. ¿O no, Almendra? Eso te pasa por comprar todo marca “Día”
– Estaba rico igual el café…
Mi aclaración pasa desapercibida
– Bueno, Cosme. Si tan mal hago el té, hacelo vos. Ya que te sale tan bien…
– Lo único que me falta, ¿también querés que te haga el té?
– ¿”TAMBIÉN”? Si acá hago todo yo, vos ni siquiera lavaste los platos y te tocaba a vos porque yo cociné!!
– ¿Vos cocinaste? Ah! Bueno. ¿Vos ves como es esto, no Almendra? Yo prendí el horno porque ella es una enferma y no lo toca, porque no sé, por ahí le explota o algo, rallé tres kilos de zanahoria, piqué la cebolla y el ajo, pelé y corté las papas... Pero ella puso todo en una sartén, y la que cocinó fue ella… Y encima se olvidó de ponerle sal.
– No me olvidé, no me gusta con tanta sal, si le podés poner después.
– (Por lo bajo y a mí) Mentira, se olvidó.
Yo me río, Fulanita hace como que no escuchó, porque es verdad que se olvidó. Yo no digo nada, (alianza de género) pero me sigo riendo. Parece como si se estuvieran peleando, pero después de tantos años ya entendí que así se comunican. Parecen una “sit-com”.
– Ya está el té. Cosme, podés sacar la máquina de la mesa. Ya te dije que no me gusta que esté la máquina ahí cuando comemos
– Y yo ya te dije que si la muevo, se desconecta de Internet y después hay que volver a conectarla. La máquina se queda acá, y punto
– Nooo, dale mi amor. Sacala. Después la volvés a conectar, no es tan complicado
– No. ¿Adonde querés que la ponga? Este es el lugar de la máquina.
– La ponés ahí, en el baiú
– No puedo, queda muy alto y se desconecta y no podemos escuchar música.
Fulanita lo mira con una cara que encierra una amenaza. Es una amenaza muda, no sé de qué se trata pero debe ser importante…
– Bueno, la pongo en el baiú. Pero mañana voy y compró la mesita para la compu…
– Ay no, Cosme. Este loco quiere comprar una mesita para la compu, ¿a vos te parece, Almendra?
– (Con un poco de miedo) En realidad no entiendo el problema.
– Es que es roja, ¡¡quiere comprar una mesita roja!!
– ¿Y por qué querés una roja, Cosme?
– No es que la quiera roja, es que la que tienen ES roja. No es mi culpa, ¿Qué le voy a hacer?
– Bueno, igual no importa. Ahora sacás la máquina de la mesa, por favor, así tomamos el té. Se va a enfriar, no te va a gustar y te lo vas a tener que tomar igual, porque va a ser tu culpa si se enfría el té porque si no sacás la máquina no lo tomamos. A vos te lo caliento en el microondas, Almendra, no te preocupes.
– Ah! ¿Y a mí no me lo calentás en el microondas? ¿Qué tiene Almendra, coronita?
– No, ella es la visita…
Se imaginarán que después de dos o tres conversaciones como estas yo muy visita, visita, como quien dice VISITA… no me siento…
– … y además no es ella la que tiene que sacar la máquina de la mesa. LA SACÁS DE LA MESA, YA!
– No
– (Con tono serio y voz tembleque que te hace dudar de si es una afectación o si va en serio) Me vas a hacer enojar en serio, Cosme. Sacala por favor.
– (Con un dejo de triunfo en su mirada) No, la máquina se queda.
– Ahí está, listo. Gracias, ¿eh? Ya lo lograste, me hiciste enojar. Ya me enojé, listo ¿Ya estás contento?
– (Poniendo la máquina en el baiú y con tono de capricho) Mañana voy a comprar la mesita roja para la compu.
– (Como quien ya ha escuchado miles de amenazas vacías) Sí, mi amor está bien. Comprá dos si querés. Gracias.
– …
– …
– …
– (Como quien acaba de comentar el clima) Cosme, ¿podés servir el té, por favor? Yo no puedo por la muñeca (Fulanita tiene tendinitis).
Cosme sirve el té. Lo tomamos, charlamos, nos reímos. Eventualmente me vuelvo a casa y los dejo: Cosme jugando al Winning Eleven en la computadora de la habitación, Fulanita lavando los platos (los del almuerzo y también todos los que usamos para tomar el té) mientras piensa una comida para la cena. Una que probablemente “preparará” Cosme.
Cuando se sienten a cenar, probablemente él le diga: “Te salió rica la comida, dejá que después los platos los lavo yo” Después de eso, si los lava o no, a Fulanita no va a importarle (bueno, no demasiado)…
Escrito por Almendra para: Conversaciones (casi) reales de la vida cotidiana
N. de la R.: La redactora de este blog se somete a las condiciones impuestas para la divulgación de este material...
viernes, 11 de abril de 2008
Bajo del tren. Lo veo. Un amigo. Lo sigo
– ...
– Hola, Che!
– ...
– Ey! Pibe!
– ...
– Flaco, que te pasa?
– ...
– Che! Esperame! Ey! HOLA!!!
La gente me mira como si fuera una acosadora serial, pero hace mucho que no lo veo. Intento otra vez
– Nene! Che, pará!
– ...
– (Nombre), che, (nombre otra vez)
– ...
– ¿Tan apurado estás?
– ...
Lo alcanzo
– Che, ¿que te pasa? ¿estás enojado?
– Eh! Hola!!! ¿Cómo andás che?
– ¿Estás bien, negro?
– Sí, ¿por?...
– Te vengo gritando como una loca, ni pelota me das!
– No, es que venía escuchando música...
martes, 1 de abril de 2008
Ich studiere Deutsche
– Hallo! Wie hießt du?
– Ich haiße Anita. Und du?
– Mein Name ist Jorge.
– Woher kommst du?
– Ich komme aus Rio Cuarto. Und du?
– Aus Mar del Plata.
– Mar del Plata? Wo ist das?
– In Buenos Aires
– Oh! Und wo wohnst du?
– Ich wohne in Bernal. Und du?
– Ich wohne auch in Bernal!
miércoles, 19 de marzo de 2008
Vacaciones II
Parajes desolados
– Miren ese arbolito desafiando la Llanura Pampeana
– ¿No sería la Costa Atlántica?
– ¿Pero cómo?, ¿no estamos en la Llanura Pampeana?
– Estamos en la Pampa Deprimida
– ¿Qué es una Pampa Deprimida?
– Una Pampa que se olvidó de tomar su Rivotril
(Des)Amores históricos
– Llegamos a General Madariaga
– ¡¡¡No!!! Pero, ¿cómo? ¿Para ir a Villa Gesell tenemos que salir de General Pueyrredón?
– Estamos engañando al General Pueyrredón con el General Madariaga...
– ¿Pero quiénes son ustedes?, ¿Mariquita Sánchez de Thompson?
– Pero... Mariquita era de Thompson
– Ah, pero bueno... Era medio cocotte
En el peaje
– Son dos con treinta, señor
– Lu, ¿tenés diez centavos?
– Sí
– Dame treinta
– ...
Eleciones difíciles
– ¿Qué estás haciendo?
– Estoy desempañando los vidrios
– ¿Y cuánto va a durar?
– No mucho, es por la respiración. No respiren
– Pero... si no respiramos nos morimos
– Bueno, ¿qué querés que te diga? Es TU elección
Mi hermanita nunca tomó un mate
– Uy! La yerba Amanda se está mojando. ¡No! van a tomar mate mojado...
jueves, 13 de marzo de 2008
Anita y Yo
– ¿Y por qué no aprovechás y hacés algo productivo?
– Uh! ¿Otra vez vos?
– No te hagás la sorprendida, si siempre que pensás que hacer aparezco yo
– Sí, pero me vas a volver loca
– Ya estás loca, ¿por qué te creés que pensás en conversaciones?
– Bueno, pero no siempre
– …
– Sí, es verdad. Pero eso no significa nada
– Me estás cambiando de tema
– ¿Cuál era el tema?
– Que es lo que vas a hacer en estas tres horas que tenés libres…
– No importa, me voy a casa a mirar tele, aprovecho, andá a saber cuando voy a poder hacerlo otra vez este año
– Pero tenés cosas que hacer. Podrías empezar a hacer los Trabajos Prácticos de Bioinformática. No hiciste nada en la clase.
– Porque no entendí nada…
– ¿Y cómo te pensás que vas a entender si no te ponés a trabajar?
– Cuando necesite saberlo, me saldrá. Me pasó así durante toda la carrera, no tiene por qué cambiar en el último cuatrimestre.
– Un día te vas a dar la cabeza contra la pared
– Hace cuatro años que decís lo mismo, y ni un chichón, todavía
– Ah! Bueno… Allá arriba estás. ¿Quién te crees que sos?, ¿Einstein?
– No para nada, pero entiendo las cosas cuando estudio bajo presión, si no es como que no entran
– ¿Por qué no intentás? Capaz haciendo los TPs con tiempo no necesitas estresarte tanto para los parciales
– No… la tecnología no me quiere, seguro que si intento hacer algo, la máquina explota, ya sabés como funciona eso y no me digas que son imaginaciones mías…
– No tenés razón, la tecnología no nos quiere.
– Bueno, entonces me voy a ver televisión
– No, Ana. Podés adelantar trabajo. Ya viste todo lo que hiciste estas semanas en Siberia*.
– Bueno, pero ya sabía que cambiarme en la auxiliatura de Química Orgánica a Química de los Alimentos iba a implicar tener que trabajar el triple. Además fue divertido, aprendí un montón de cosas y las reacciones me dieron bien. Todas las 110 reacciones me dieron bien.
– Y bueno, justamente, como tenés el triple de trabajo que antes y además es divertido, ¡andá a trabajar y hacé las soluciones para el próximo Trabajo Práctico!
– No… no quiero. Tengo que preguntarle a Paula a que concentración quiere la solución de Yodo, y tengo que ver que soluciones hay hechas del año pasado. Además ayer estuve siete horas seguidas en Siberia. Y hoy a la mañana estuve una hora y media y las últimas reacciones están en estufa
– Bueno, tenés razón. Trabajaste toda la semana para Alimentos, te merecés un descansito de Siberia
– Gracias, entonces me voy a ver televisión
– No seas vaga. Podrías tratar de hacer lo que te pidió Javier.
– ¡¡¡Pero si Javier está loco!!! ¿Quiere que haga la Introducción de la tesis ahora? Si ni siquiera sé de que se va a tratar
– Mentira, el tema está bastante definido
– Bueno, pero el enfoque no, todavía no tengo ni un resultado. ¡¡¡Ni siquiera se me inducen los cultivos!!! Tuve que volver a electroporar y todo…
– No pongás excusas, Ana. Si sabés que la idea de Javier es buena, cuanto más rápido hagas la Introducción, menos tiempo vas a perder cuando tengas que escribir la tesis. Sólo vas a hacer los resultados y la discusión. Podrías incluso empezar a escribir “Materiales y Métodos”
– ¡Yo sí que estoy loca! No tengo ni ganas de hacer lo que me pidió Javier y encima me invento más tareas…
– Bueno, no lo hagas. Ya te vas a acordar de mí cuando dentro de seis meses no te acuerdes nada de lo que hiciste ahora y no entiendas el cuaderno de laboratorio
– Inventaré
– NO!!! ¿Cómo decís eso?
– Bueno, no invento. Pero ahora no tengo ganas de hacer la Introducción ni Materiales y Metodos
– Pero si te conozco, Ana. Una vez que empezás te enganchás y te sale
– Pero tengo que hacer mucho para empezar. Y no encuentro los archivos donde empecé a escribir el año pasado. Y tengo un lío con los papers. Tengo que hacer trabajo de organización antes de empezar
– Y bueno, hacelo…
– No tengo ganas, es mucho, me aburre y tengo que releer todo. El fin de semana lo hago, en serio
– El fin de semana no vas a hacer una goma.
– Es verdad. Pero me voy a sentir culpable por eso, al menos
– Sos imposible, nunca gano con vos
– Y bueno, es que así soy. Vaga. Raro que poca gente se de cuenta…
– ¿Y que vas a hacer ahora entonces?
– Ir al área Química, donde tengo acceso a Internet y subir esta conversación a mi blog
– ¡¡¡No podés!!! ¡¡Vas a exponer tu locura a todo el mundo!!
– No creo que nadie se sorprenda…
lunes, 3 de marzo de 2008
Vacaciones
– Ya casi. ¿Alguien vio mis anteojos de sol?
– Y, no nos queda otra. Tenemos que llegar temprano, para aprovechar el día.
– ¿Cómo puede ser que llueva tanto?
– Y es el Ciclo del Agua en la Naturaleza
– ¡¡¡Maldito Ciclo del Agua en la Naturaleza!!!
– Yo te explico, se dieron dos cosas juntas, y por eso llueve. Primero, papá lavó el auto. Y segundo, nos estamos yendo de vacaciones.
– Sí, ¿cómo olvidarlo?…
– ¿Qué pasó?
– Estábamos de novios con tu padre.
– Y nos fuimos con el Negro y con Mabel de campamento. Fuimos a San Juan.
– Hicimos base en Valle Fertil. Yo dormía con Mabel y tu padre con el negro. Nosotras hicimos la carpa en un pedo, ¿te acordás? Ustedes no podían terminar de armarla, nosotras ofrecimos ayuda, pero ustedes se negaron…
– Eso no es justo, no ofrecieron ayuda, se burlaron de nosotros sin piedad alguna. Y encima nosotros teníamos la carpa del Gordo. “Vayan tranquilos, que la carpa está bárbara” Ni estacas tenía…
– La cuestión es que cuando estábamos allá, empezó a llover y a ellos se les inundó la carpa, de lo mal hecha que estaba, así que nos pasamos toda la tarde en nuestra carpa tomando mate los cuatro.
– Hacía diez años que no llovía en Valle Fértil…
– Es cierto, cuando su madre cantaba en el coro, vos tenías ocho meses, Anita, fuimos una semana a Rio de Janeiro.
– En Río de Janeiro, llueve una semana al año.
– Esa fue la semana que viajamos nosotros.
– ¿No pasó algo parecido cuando éramos más grandes?
– Sí, nos ganamos una semana de estadía en Florianópolis
– En Florianópolis también llueve una semana al año...
– Bueno, no te olvides que nos tocó un día de playa también, cayó jueves.
– No sé si fue un día de playa, pero por lo menos no llovía. Ese día fuimos al centro comercial y compramos un rompecabezas.
– Con eso las entretuvimos el resto de los días.
– ¿No viajamos ya otra vez a Villa Gesell con lluvia?
– Sí, hace cuatro o cinco años, llovía tanto que no se veía y tuvimos que parar un rato, nos metimos en una ciudad por ahí hasta que paró un poquito.
– Deberíamos hacer algo bueno por la humanidad y viajar hasta Chubut, por ahí logramos apagar el incendio.
Pero resulta que la lluvia no es el único problema que nuestras vacaciones familiares les ocasionan a la humanidad, las desgracias también ocurren.
– En el 2001, llegamos a Villa Gesell para pasar las fiestas y se largó el cacerolazo. Durante nuestras vacaciones, pasaron tres presidentes. Eran las primeras vacaciones largas que nos tomábamos en varios años. Nos fuimos como quince días
– Yo me acuerdo que papá no salió del departamentito en todas las vacaciones, estaba enchufado a la televisión.
– Y no nos olvidemos del 2004.
– Ah! Yo ese año me quedé en Mar del Plata porque estaba trabajando, así que mi culpa no es.
– Nos fuimos, también, unos quince días.
– ¿Y que pasó?
– ¿Cómo que pasó? Cromañón.
– Y también el tsunami, fue con pocos días de diferencia. Las tragedias se hacen más internacionales a medida que pasa el tiempo…
– En realidad, gente, yo creo que son coincidencias. En este momento debe estar ocurriendo una desgracia por ahí.
– Seguro, ma. Pero en este momento nos estamos yendo de vacaciones. No es un ejemplo muy feliz.
– Esta noche, en la cena, brindemos por la paz mundial, por las dudas…
No sé que tan informados estarán queridos lectores, pero hace un rato, cuando llegamos a casa vivos, aunque pasados por agua, nos enteramos las noticias. El sábado murieron asesinados 17 guerrilleros pertenecientes a la FARC en la frontera entre Ecuador y Colombia, entre ellos el segundo de la guerrilla y negociador por la liberación de Ingrid Betancourt. En fin, ahora Sudamérica huele a guerra…
jueves, 28 de febrero de 2008
Apelativos circunstanciales
– No quiero. Es horrible ese rompecabezas ¡¡lo odio!!
– Dale, Ana. Si no, no vas a poder hacer nunca el Modigliani
– Está bien.
Al rato
– Ni una pieza,¡¡qué rompecabezas de mierda!!
– ¡¡Te dije!! ¿Por qué te pensás que estuvo abandonado abajo del vidrio de la mesa durante taaaantos años?
– Bueno, sí. Pero alguna vez había que terminarlo.
– Pero es una mierda, son todas iguales las piezas que quedan, y poner una sola te lleva mil años. ¡¡¡Este rompecabezas es una cagada!!!
Más tarde (u otro día, la verdad es que ya no importa)
– JA! ¡¡Te encontré pieza de mierda!! Que rompecabezas del orto…
– ¿Pusiste una, pa? ¿Cuál?
– Esta, ¿ves? La ramita la tapan las flores… Que hijas de puta estas piezas
– ¿Ves que ponés piezas? Después decís que no hiciste nada…
– Y, comparado con las que pusiste vos… pero bueno, yo acepto mis limitaciones
En otro momento…
– ¡Cómo avanza la mierda esta!, ¿eh?
– Y sí, pero re lento. ¡Es una porquería! GRRRR ¡¡¡Odio este rompecabezas!!!
Al fin, ayer…
A la mañana
– Hoy lo terminan, ¿eh? Ya faltan pocas piezas
– No, Lu. Parece, pero no. ¡¡Es una caca!!!
– Ya vas a ver, Anita. Hoy lo terminan. Yo voy a llenar este espacio. Dije que iba a probar una por una cuando quedaran pocas y ya quedan pocas…
– Bueno, dale. Yo empiezo por este lado.
[…]
– JA! Mirá las encontré. ¡¡Cerré el agujerito!!
– ¡Qué grande, Lu! Yo puse estas, pero ni se notan, es una mierda, esto…
A la noche
– JA! Lo terminé! Lo terminé! Soy una genia!!! Mirá que lindo…
– ¡Anita! ¡¡Terminaste!! Mirá, Bupé, mirá que hermoso. Es maravilloso, Mirá la foto, ¡qué linda!
– ¿Terminaron? No… Que belleza, mirá lo que es eso…
– Lástima que cuando tengas tu casa te lo vas a llevar, ¿no Ani?
– No papi, te lo dejo si querés…
Yo lo sigo odiando…
domingo, 24 de febrero de 2008
Renovaciones
– ¡¡Vos estás en pedo!! Ni loca, después no te gusta… No, no y no
– Dale, Ma… Es flequillo, nomás. No todo el pelo.
– NO. Andá a un peluquero que te haga bien
– No, ma, el peluquero te hace lo quiere, nunca entiende nada, dale no seas mala.
– No no y no
– ¿Ves ma? Así lo quiero. Rollinga no, ¿eh? Estos pelos de acá como más corto y los del costado más largos porque son estéticamente lindos, ¿entendés?
– Sí, entiendo, así. Ahora te lo emparejo un poco. ¿te lo puedo hacer con esta forma? Si no va a quedar un corte muy abrupto, no te va a gustar
– Sí me va a gustar. Vos hacé el flequillo.
– Bueno (Y empieza a cortar)
–¡¡Ay!! Qué miedo!
– No me vengas ahora con que mejor no
– No, má, dale. Yo confío en vos. Pero, ¡¡no me lo vas a dejar así!! Más corto, así no veo nada
– Sí, Lu, más corto, ahí va… ¿Mejor?
– No más corto.
– ¿Así?
– Ahí va mejor. Ahora pruebo con anteojos, porque es distinto. No, me choca el anteojo, más corto.
– Bueno, yo más que eso no te lo corto, no me animo, así que más vale que te guste.
– Sí, está bien, pero estos de acá tenían que ir más cortos, ma
– ¡¡¡Pero vos me dijiste que te haga todo el flequillo!!!
– Sí, bueno. Pero se suponía que vos tenías que ver y hacerlo más lindo según te pareciera… ¡¡Ahora acá está demasiado corto!!
– ¡Ay, Lu! No me jodas, ahora está así y te queda bien.
– Sí, bueno. Ya está. ¿A ver con la hebilla? Porque estoy demasiado acostumbrada a usarla, no quiero dejarla. Mmm, no queda tan bien. Bueno, ya fue, que sé yo.
– Lu, la vida te despeina…
domingo, 17 de febrero de 2008
Generolidades
– Pero, ¿cómo que no?
– No. Son incómodas.
– Vamos, las tetas son nuestro ser mujer. Las tetas son lo que te define como mujer ahora, ¿cómo que no te gustan?
– No y punto. Y lo que nos hace ser mujer es no tener pito, no las tetas.
– No. No podés definir a tu género en base al otro. Porque entonces te estás subyugando a ellos, ¿entendés?
– Sí, sí. Lo que sea.
– No, lo que sea no. Tenés que estar orgullosa de ser mujer. Abrazá tus tetas, vamos. Nosotras somos el sexo fuerte. ¡¡¡Y en el futuro vamos a ser las que mandan!!!
– ¿Cómo Kristina?
jueves, 14 de febrero de 2008
Algunas contestaciones (in)válidas, o cómo finalizar una conversación molesta.
– No me mandes a poner la mesa
– A palabras incoherentes oídos percecopéticos
– Lo que no se consigue con tiempo, se consigue con plata
– Claro él/ella, todo/a acuático/a y palanganudo/a…
lunes, 11 de febrero de 2008
Culturalidades varias
– El “Che” escribía…
– Claro, escribía muy bien. Como el subcomandante Marcos
– ¿Quién es el subcomandante Marcos?
– Un guerrillero zapatista, en México. Escribe todo lo que hace y lo escribe muy bien
– ¿Y qué hace?
– Es como el vocero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Una guerrilla de México. Pero es raro, porque casi no han efectuado acciones armadas y tampoco pretenden tomar el poder.
– Ah, muy posmoderna la cosa
lunes, 4 de febrero de 2008
sábado, 2 de febrero de 2008
Mejor que cualquier programa de TV matutino
– Andrea, ¿preparaste el bolso?
– Sííííííííí
– ¿Pusiste todo?
– Sííííííííí
– ¿Estás segura?
– SÍÍÍÍÍÍÍÍÍ
– Vamos a repasar, por las dudas
– Bueno.
– ¿Pusiste las dos mallas?
– Sí
– ¿El gorro para el sol?
– No.
– (Medio enojada) ¿Y que esperás? Movete, buscalo .
– Ay, bueno. Acá está. ¿ves? No es para tanto.
– Bueno. ¿El protector solar?
– No.
– (bastante enojada) ¿Cómo hacés el bolso, Andrea?
– Ay, bueno
– “Ay, bueno”, NADA. De tres cosas que te pregunte, tres no las habías puesto. No preparaste un carajo el bolso. ¿POR QUÉ DECÍS QUE LO PREPARASTE SI NO LO HICISTE?
– Dos, mamá.
– ¿Dos qué?
– Dos cosas, nomás. Dos cosas que me preguntaste no tenía
– (al borde del colpaso nervioso) ¡¡¡ES LO MISMO!!! (Respira … respira … respira …) ¿Querés hacerme el favor de terminar el bolso?
– ¿Sabés donde está el protector?
– ¿No estaba en el otro bolso?
– No.
– ¿Lo perdiste?
– Puede ser. No sé
– (muy enojada) ¿Así cuidás las cosas que te doy? ¿ASÍ, EH? ¡¡¡CONTESTAME CUANDO TE HABLO!!!
– Bueno, es que no sé…
– Ana, ¿vos sabés donde está el bloqueador?
A no, a mí que no me metan en esta
– No. La última vez que lo ví estaba ahí, en la mesada.
– Yo también. (Se levanta a buscarlo). ¿A vos te parece? Increíble esta nena que no cui… ¿ESTO TE PARECE BUSCAR BIEN, ANDREA? (Agitando un frasco azul en su cara). ¿TE PARECE, EH? ¡¡¡CONTESTÁ!!!
– Bueno
– (cediendo al fin al copalso nervioso) NO PUEDE SER. NO HICISTE NADA. TUVISTE TODO EL DÍA DE AYER Y NO HICISTE NI LA MITAD DEL BOLSO. ¿CÓMO PUEDE SER? (Poniendo el frasco en el bolso; con tanta delicadeza que sale volando otro frasco) ¿Y ESTO QUE ES? CREMA DE PEINAR!!!!! (Respira… respira… respira… respira más… respira más fuerte). ¿Guardaste la bombacha y el corpiño?
– No
– (Realmente muy muy enojada) ¡¡¡CORRÉ ARRIBA Y TERMINÁ DE BUSCAR LAS COSAS!!! SOS UN DASASTRE, ANDREA. NO PUEDO SEGUIR TODOS TUS PASOS Y ASEGURARME DE QUE TENÉS TODO TODOS LOS DÍAS. ¡¡¡ESTO NO PUEDE SER!!! NO HICISTE NADA Y DIJISTE QUE HABÍAS TERMINADO EL BOLSO!!!
– Bueno, es que puse las cosas escenciales. (Se para) Las secundarias (se acerca a la puerta) las iba a poner después. (Sale corriendo)